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Llamemos las cosas por su nombre

Actualizado: 25 nov 2023

Categoría: poesía

Suiza, noviembre 2021


Finalmente se hace evidente lo que ya sentíamos, el engaño.

Y cómo gestionar la rabia, esa ira, ese dolor,

que le hemos puesto nombre de tristeza,

y entre lágrimas, decimos que estamos volviendo del shock.


No es tristeza, es que estas herida,

es que te culpas, quieres respuestas,

te viste ciega, te dañaron los pies,

levantarte de nuevo será duro.


¿Cuándo normalizamos las mentiras?

Ese discurso cultural aceptado y acomodado,

Ese omitir información o ignorarla para no “dañar”.

Daña, quema, lo vuelve todo peor.


Muchos se esconden detrás del hecho de no oficializar relaciones,

para no tener que dar explicaciones,

para no asumir la responsabilidad afectiva.

Pero cuando hemos pedido claridad, no la dan,

cuando queremos saber a qué juega el otro y lo calla,

eso es desleal.


La pequeña historia, sin transcendencia y sexo, es más valorada,

es directa a lo que vamos, sin engaños.

Pero eso de hablar de sentimientos, sin sentirlo, es una farsa,

es una falta de empatía, de reconocimiento del otrx.


Escuchando a mi amiga, me agarré el pelo y grité una grosería.

Recordé las veces que ellos pensaron que metieron un gol

y que solo sentíamos verguenza de ellos.


A nosotras nos enseñaron a ser compasivas y no ser agresivas,

pero la rabia vive en todos, sin importar el género,

permanece en las dudas,

en ese mensaje tierno que solo te quiere follar,

en ese “amigo” que es cómplice de lo que te hacen.


¡Ya no nos asombran!

Ni su inteligencia, ni su poder, ni sus detalles.

A pocos admiramos.

Un hombre de verdad, siente como igual a una mujer.

Entonces solo pedimos, que aunque no les dé para ser un ser de luz,

por lo menos no sean un ser de mierda.


Una Andrea Más



el engaño
Foto tomada en Girona

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